
La sociedad de la información
¿ayuda a la convivencia entre generaciones?
Dos de las áreas de interés de Utani, los jóvenes y la gente mayor, han protagonizado un congreso cuyo objetivo era reflexionar y debatir sobre el presente y futuro de ambas generaciones. Una experiencia más tenemos en cuenta para ir moldeando nuestra propia visión para entender a estos grupos de edad. La Fundació Viure i Conviure de Caixa de Catalunya fue la impulsora del congreso, poniendo sobre la mesa un debate que dejara de lado los prejuicios sobre la juventud y la vejez, y enfocarlo hacia políticas, prácticas y experiencias encaminadas a fomentar relaciones intergeneracionales positivas y enriquecedoras.
Generaciones en transformación
Para Jorge Larrosa, profesor de Filosofía de la Educación de la Universidad de Barcelona, hoy los más “mayores” representan una carga social para el Estado y las familias. Por su parte, los jóvenes, modelo para los medios de comunicación, lo son también porque cada vez tienen más problemas para acceder al trabajo y vivienda. Además, son percibidos como rebeldes, incluso una generación peligrosa. Por su parte, Laurence Cornu, Doctora en Filosofía y Profesora en el Institut Universitaire de Formation des Maitres, falta una generación intermedia que pocas veces sale en esta foto fija intergeneracional. Se refiere a la generación de los “padres”, los adultos en edad activa que apenas tiene tiempo para dedicarles, por sus obligaciones laborales y su necesidad de “ser competitivos”. Y, mientras los mayores alcanzan la vejez con mejor salud y calidad de vida y son más longevos, el periodo de juventud se prolonga también en el tiempo, posponiéndose la transición a la vida adulta que supone la inserción en el mercado laboral y la emancipación. Las condiciones económicas, sociales y culturales de la “madurez” y el “envejecimiento” están cambiando aceleradamente, según Larrosa. Nunca se les había estudiado más y nunca se les había escuchado menos.
Tercera y cuarta edad
Las generaciones se estiran “como chicles” y les cuesta encontrar su espacio y sentido en esta sociedad. Una sociedad que adelanta el retiro de una generación en aras de la rentabilidad. Así, la jubilación se adelanta, mientras que la esperanza de vida, afortunadamente, aumenta. El resultado es el “choque” entre una “tercera edad”, más joven y activa que nunca, y el nacimiento de una “cuarta edad”. Estos cambios demandan espacios dignos, donde los primeros permanezcan activos y se sientan útiles y éstos últimos puedan ser debidamente atendidos. Desgraciadamente, esto no sucede y los “mayores”, aunque les separen veinte años, comparten los mismos recursos produciéndose auténticos choques intergeneracionales, ya que mientras unos piden manternerse activos y continuar vinculados a la sociedad, otros reclaman sosiego, partidas de dominó y plácidas excursiones.
Al otro lado, encontramos una generación intermedia. Son los padres (respecto a nietos y abuelos), que tienen menos tiempo disponible y luchan por continuar activos, “reciclándose”, intentando mantener su lugar en la sociedad, como nos contaba el profesor Enrique Gil Calvo en su divertida ponencia donde comparaba de manera ilustrativa a jóvenes y mayores. La insatisfacción, la ansiedad provocan nuevas patologías en adultos, jóvenes y los llamados a ser viejos. Muchos buscan un espacio activo de protagonismo. El joven y el adulto tratan de adaptarse a una sociedad siempre cambiante, impredecible que busca desesperadamente la modernidad, “la eterna juventud”. Para adaptarse muchos han tenido que “fundir” la solidez de sus propios esquemas, valores, herencias, memorias para “licuarse” y estar constantemente adaptándose a realidades cambiantes. Así es como Zygmunt Bauman, filósofo, escritor, profesor y erudito, daba su visión sobre el paso de “modernidad sólida” a “liquida”. En definitiva, cambian las reglas del juego de la vida. La solidez de los discursos, la unidireccionalidad en la escuela se cuelan por los desagües de la sociedad. Jóvenes y adultos saben que han de hacerse líquidos, adaptar su propia identidad y densidad al volumen o espacio moldeado insistentemente por una sociedad inestable, insegura, en continúa efervescencia.
La nueva voz de la experiencia
Carlos Skliar, doctor en fonología y especialista en problemas de comunicación humana, hablaba de crisis o “hendidura” de comunicación o ausencia de conversación rica intergeneracional. La “herencia” que el mayor trata de incubar es rechazada por el joven. El adulto en la mayoría de los casos no es que no sepa educar, es que hoy no sabe “enseñar a vivir” y hacer estimulante esa herencia. La conversación entre jóvenes y adultos se hace en muchos casos sorda, inhóspita porque por un lado el mayor se comunica en “lenguas vernáculas” sobre su experiencia y el joven contesta en su “lengua digital” desde su propio aislamiento y encierro porque se siente observado y analizado por sus padres, jefes, profesores, políticos y marcas de consumo. Hay un rechazo a la experiencia porque por primera vez en la historia reciente, los jóvenes conocen y manejan mejor la tecnología, las reglas, las formas de comunicación que sus padres. Los adultos ya no son la voz de la experiencia, ya no trasmiten conocimientos. Al contrario, a menudo, deben pedir ayuda a sus hijos para enfrentarse a teléfonos móviles sofisticados o a determinados programas informáticos, que ellos, como “nativos digitales” usan con toda naturalidad. La edad tiene mala imagen, los mayores ostentan esquemas obsoletos que son rechazados por los jóvenes y, en consecuencia, por una sociedad donde la juventud lo es todo. Pero el sentimiento de rechazo puede ser mutuo. Cuando los niños dejan de serlo asustan al adulto. A la eterna rebeldía y autosuficiencia del joven, se suma ahora un novedoso status de poder, porque controla y habla el lenguaje de la tecnología digital y, especialmente, por los cambios en las relaciones personales que ésta ha traído, donde reina la horizontalidad y se desconfía de la autoridad.
Es preciso, como señaló Jorge Larrosa, construir de otro modo tanto la juventud como la vejez, favorecer los cambios sociales y culturales que propicien que unos y otros puedan apoderarse dignamente de su juventud y de su vejez, crear espacios que posibiliten y favorezcan relaciones intergeneracionales positivas, crear espacios de análisis y reflexión que permitan abordar presentes y futuros en la relaciones sin tabúes ni hipocresías. Y seguramente educar en la tolerancia, aprendiendo a “interactuar” con música electrónica y poemas, tatuajes y heridas de guerra, héroes de una época y de otra, lecciones online y de vida, conectarse y abrazarse, chatear y conversar hasta el amanecer…

Conflicto intergeneracional
Estas diferencias pueden llegar a crear conflictos que, en su manifestación más extrema, pueden degenerar en muestras de violencia. Manuel Castells analiza como signo de enfrentamiento intergeneracional los dramáticos casos de auténticas palizas de grupos de jóvenes a viejos vagabundos. Es como si toda su furia e impotencia la descargaran contra ellos. Los adultos representan para ellos el obstáculo para acceder a su bienestar y libertad. Son dueños de las viviendas del centro de las ciudades, son los que le ponen precio a los alquileres y a sus nóminas mileuristas, son los que compran y venden valores y ostentan el poder de mandar y decidir políticamente en los parlamentos porque son dueños de la información. Son inaccesibles y se defienden de los jóvenes para no perder sus puestos de trabajo. Los vagabundos de la calle son el blanco fácil de su odio acumulado. ¿Quién sinó lo iba a pagar? De la misma forma, en el seno del entorno familiar tristemente, también aparecen los malostratos. Así, el 40% de los ancianos españoles sufre algún tipo de maltrato (ya sea emocional, abandono, económico, etc) y entre un 4% y un 5% de los mayores de 65 años sufre violencia. (Fuente: María Teresa Bazo, catedrática en Sociología de la Ancianidad de la Universidad del País Vasco).
Movilizar a través de la emoción
Hemos hablado de crisis de comunicación en una sociedad que habla lenguas muertas y digitales. Hemos comentado que poder llegar a la cuarta edad es un signo de longevidad en los primeros mundos pero también de desplazamientos de fallas tectónicas sociales. Pero todavía no hemos hablado de política. Y es que las crisis intergeneracionales se han politizado, están de moda. Se instrumentalizan porque los medios de comunicación echan a la brasa estos problemas para servirlos al punto en los telediarios sazonados con los deportes. Hoy vivimos una crisis de ideales. Los políticos siguen aferrándose en sus programas al agotado estado del bienestar cuando todo el primer mundo mira para sus intereses, tienen sus necesidades más que cubiertas, sólo creen lo que se cuenta en los foros o comunidades y no ahorra para ser consumidor modelo. Lo único que puede movilizar a generaciones son las numerosas formas de acción colectiva (Michel Wieviorka, “La primavera de la política”) . La movilización, si esta basada en la emoción, puede unir y reavivar llamas entre jóvenes, adultos y mayores.
Las manifestaciones mundiales contra la guerra de Irak, el atentado de las torres gemelas de Nueva York, o el 11M en Madrid, entre muchas otras, son ejemplos de movilización basada en la emoción con un fuerte transfondo de reivindicación y defensa de valores fundamentales como paz, libertad, justicia, igualdad, que la gente de todas la edades reclama como derechos indiscutibles e intocables. La emoción, dice Wieviorka, es importante en la medida en que puede construir para las jóvenes generaciones un momento decisivo de socialización política. Los nuevos ideales y programas políticos contemporáneos dejarán de basarse en el bienestar para pasar a objetivos como la solidaridad, las desigualdades, la pobreza e injusticias. ¿Será tal vez esta generación joven de hoy la protagonista de humanizar el mundo en los próximos cincuenta años?
¿Y los mayores? Por todos es sabido que es muy fácil movilizar políticamente al anciano a través de la nostalgia. Pero, ¿y con la esperanza? ¿el optimismo? ¿la ilusión? Es decir, atreviéndose a articular la palabra “futuro”, encontrar nuevas ideas para dar forma a un futuro, por ahora incierto y desmotivador, para estos los “jóvenes viejos”.

Conclusiones:
- Sobre el congreso, decir que nos sorprendió la sobrecarga filosófica y retórica de los mensajes y los ponentes. Interesante, eso sí, en muchos casos como argumentos de reflexión pero lejano en el discurso, además de impedir crear un ámbito más llano donde debatir aspectos más cotidianos y reales. Tal vez algo en lo que todos teníamos interés. Compartir experiencias y no filosofías.
- Otra conclusión no sólo de la obtenida en el congreso sino como fruto de aprender de profesionales que trabajan por la convivencia entre generaciones es que para nosotros hay una generación, la de los jóvenes, que por primera vez es capaz de salir por sí misma con ayuda de la tecnología y la información que genera y obtiene de ella. Viven entre lo real y lo virtual, refugiándose en este hábitat que resulta inaccesible para adultos y más mayores. La virtualidad es la puerta de escape de su realidad en la superficie. Sus salarios, su trabajo, sus problemas de vivienda, sus problemas de convivencia en la casa de sus padres, todo ello forma parte de una realidad en la superficie.
- La reacción de la juventud de creer y movilizarse más con las organizaciones no gubernamentales y rechazar la política tal y como la entendemos hoy, es un signo de por donde de adultos pueden llegar a dirigir las naciones.
- A lo largo de las ponencias tuvimos la sensación de que la comunicación intergeneracional es sinónimo de ancianos y niños o jóvenes. Aunque varios ponentes lo mencionaron, faltó una visión crítica sobre el papel de los que estamos en la edad adulta. Parece que porque producimos y nos encontramos integrados en el mercado laboral estamos exentos de colaborar en que estos grupos encuentren su papel en la sociedad. En nuestra opinión, la experiencias deberían abrirse a grupos más diversos. ¿Por qué ancianos dando clase en institutos? ¿Por qué no adultos haciendo voluntariado de jóvenes con problemas de integración social? ¿O niños colaborando, guiados por adultos claro, en experiencias con otros niños enfermos o discapacitados? Por desgracia, la sociedad está llena de grupos y colectividades que precisan de ayuda, reducir la ecuación a sólo dos edades (sin tener en cuenta además, las diferencias culturales, económicas, etc que puede haber entre dos jóvenes o ancianos de la misma edad) nos parece muy limitado e, incluso, algo perverso.
La Fundació Viure i Conviure de Caixa de Catalunya Obra Social, trabaja y promueve desde hace más de diez años las relaciones intergeneracionales desarrollando proyectos muy positivos como el de “programa de vivienda compartida entre gente mayor y jóvenes universitarios”. Este proyecto en palabras de ellos “demuestra la obsolescencia de la idea de que la vejez es una etapa inactiva e improductiva de la vida, al mismo tiempo que sensibiliza a los jóvenes por lo que respecta a la realidad de las personas de edad y promueve la conciencia solidaria en una sociedad eminentemente individualista”.
Comments (2)
me sirve para elaborar tesis relación entre jóvenes y adultos en la escuela
norma 04/12/07 05:41 AM
Soy profesora y me interesa el tema
Fanny Aguirre 21/09/08 02:05 PM



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