Archive for February, 2008

Vivir de manera sostenible ha dejado de ser un propósito bienintencionado para convertirse en un compromiso que todos debemos asumir. Con la amenaza del cambio climático confirmada como certeza científica, se impone la necesidad de reordenar nuestra vida cotidiana y nuestros hábitos para, en la medida de lo posible, hacer una aportación al freno del calentamiento global. Desde Utani proponemos una lista de recetas sencillas para que nuestro día a día deje una huella menor en nuestro planeta. Y es que todas las acciones que realizamos a diario pueden tener su lado verde. Adoptar estos gestos supone un minúsculo esfuerzo que, sin duda, vale la pena.
* Por la mañana:
1. ¡Riiiiiiiiing! ¡Pi pi pi pi pi! Uno nunca se acostumbra al despertador. Aunque siempre nos levantemos enfurruñados y pidiendo “cinco minutitos más”, suena cada mañana. Lo que sí podemos hacer es utilizar cambiar las pilas del despertador por unas recargables o, mejor aún, recuperar el de la abuela y darle cuerda un ratito cada día.
2. Nada como una ducha tonificante para arrancar el día ¡Mejor que un baño! De esta forma, además que coger energía para enfrentarnos a la jornada ahorramos una media de 30 litros. Si cerramos el grifo mientras nos enjabonamos, nos ponemos el champú o nos cepillamos los dientes, sumamos otros tantos litros de este bien tan escaso.

3. Es el momento de desayunar. ¿Eres de los que no puede salir de casa sin tomar un café? ¡Yo sí! Si utilizas una cafetera de filtro, sustituye los de papel, de un solo uso, por uno permanente.
4. ¿Cómo es nuestra cocina? Si podemos elegir, usar una cocina de gas es más sostenible que las encimeras y los hornos eléctricos (¡también es mejor para nuestro bolsillo!). Los expertos recomiendan un híbrido de ambos: la vitrocerámica de gas. Las cocinas de inducción calientan el doble de rápido que las convencionales.
5. Hora de ir a trabajar. ¡Y al cole! Si vivimos cerca del lugar de trabajo y de la escuela, lo más recomendable es ir andando o en bicicleta. Además, siempre haremos un poquito de ejercicio, bueno para el planeta y para nuestro corazón. Naturalmente, la segunda opción más sostenible es el transporte público.

6. Si no tenemos más remedio que utilizar el coche, podemos intentar ahorrar emisiones (¡y dinero!) compartiéndolo con los compañeros de trabajo. ¡Ah! Y no conviene pasar de los 90 km/h. Además de evitarnos más de un susto, ahorraremos un 25% de combustible.
* En el trabajo:
7. El ordenador se ha convertido en la herramienta fundamental para la mayoría de trabajos. Apágalo siempre que vayas a estar más de una hora sin usarlo (al entrar en una reunión, atender a una visita, durante las pausas para comer, etc.) Se estima que un 12% de nuestra factura eléctrica anual, es decir, de la energía que todos consumimos, responde a aparatos en modo stand by.
8. Internet y la tecnología digital nos permite concentrar en único aparato múltiples funciones. Usa el ordenador como equipo de música, radio o teléfono. Si te limitas a utilizar aplicaciones sencillas (procesadores de texto, hojas de cálculo, etc.), enviar correo electrónico y navegar por Internet, no necesitas un aparato muy potente ni un gran monitor. Si puedes, elige preferiblemente un portátil.
9. Son muchos que no entienden todavía que vivimos inmersos en la era digital y, aún así, imprimen centenares de páginas. Debemos promover la digitalización de nuestra oficina siempre que sea posible. Cuánto menos papel usemos, mejor. Aunque si no hay más remedio, usa papel reciclado (que ya no tiene el aspecto “viejo” de antaño) y, para documentos internos, imprime las hojas por las dos caras. ¡Recicla!
10. ¿Eres de los que en verano lleva un jersey en la mochila y en invierno trabaja en manga corta? Si es así, es posible que tu empresa no sólo esté exponiendo a sus trabajadores a más de un constipado, sino que esté gastando inútilmente muchísima energía. Tanto la calefacción como el aire acondicionado debe ajustarse a 21ºC, resolviendo de paso, las eternas rencillas entre frioleros y calurosos.

11. Sé activo. Preocuparse por el medioambiente implica una actitud positiva. Busca tú mismo y propón a tus jefes (¡aunque te caigan mal! ¡El planeta no entiende de simpatías!) soluciones para economizar recursos en la compañía. Por ejemplo, cada vez hay más empresas que rellenan toners y cartuchos de impresora. De esta forma evitamos desechar un montón de plástico. Por si fuera poco, pueden llegar a costar un 50% menos (¿quién sabe? ¡quizá conseguiremos hasta suavizar tensiones nuestros superiores!).
12. Confesémoslo, a menudo, los viajes para reunirnos con otras delegaciones o clientes de otros países sirven para poco más que sacarle a la empresa una comida gratis y, como mucho, una noche de hotel. Sin embargo, para nuestra atmósfera supone una dosis extra de CO2. Los programas de mensajería instantánea, las vídeo conferencias, la telefonía IP y otras tecnologías nos permiten “reunirnos” sin movernos de nuestro escritorio. ¡Utilízalas siempre que te sea posible! Si no, intenta convencer a tu empresa de la necesidad de compensar las emisiones, haciendo una aportación a alguna ONG comprometida con el medio ambiente.
* Hora de comer:
13. Si hace tiempo decidiste que era el momento de dejar atrás los grasientos menús, hay ciertas cosas que pueden hacer tu almuerzo, además de sano, más sostenible. La fiambrera y el “tupper” de toda la vida son preferibles al papel de aluminio y al film transparente. Reutilizar es siempre mejor opción que usar productos de un solo uso.
* Al salir de la oficina:
14. ¡Qué rollo! Después de una larga jornada, y ahora toca hacer recados y tareas domésticas. Primero: pasar por el súper. Lleva siempre bolsas de tela o usa un carrito cuando vayas a hacer la compra. Dicen que por el mundo circulan al año entre 500 mil millones y 1 billón de bolsas de plástico, muchas de ellas se dispersan por el ambiente y acaban llegando a ríos y océanos.
15. Hay productos que conviene ir evitando, y es que cuántos menos embalajes tengan los alimentos, menos desechos y residuos generaremos. Evitar las bandejas de porexpan o los tetrabriks en la medida de lo posible y comprar productos a granel es más recomendable (y probablemente, más sano) que echar mano de los envasados y precocinados. Sucede igual con los productos de un solo uso, usa aquellos estrictamente necesarios. ¡Además, las servilletas y los pañuelos de tela son más bonitos!
* De vuelta a casa:
16. ¡Por fin en casa! Nada más entrar, encendemos las luces. Cambia las bombillas incandescentes (las de toda la vida) por unas de bajo consumo. Gastan menos energía y nos ahorran unos euros, aproximadamente 36 de la factura anual.
17. Después del trabajo, uno se merece un descanso. Debidamente repantingado en el sofá, te planteas que ya va siendo hora de cambiar alguno de los muebles. ¿Te has planteado de donde viene toda esa madera? Si necesitas alguna pieza de mobiliario nueva, pide que esté realizada con madera certificada FSC (que es un organismo que promueve la gestión social y ecológicamente sostenible de los bosques).
18. Es el momento de hacer una lavadora. Lava la ropa con agua fría y sin prelavado y NUNCA uses la opción de “media carga”. Como siempre, si puedes, elije los electrodomésticos clase AA+, que economizan energía.
* Al final del día:
19. Ya va siendo hora de recogerse. Una cena y ¡a dormir! Tapa las cacerolas mientras cocinas, así reduciás el tiempo de cocción y, de paso, el consumo energético.
20. Los médicos aconsejan no comer demasiada carne roja, dicen que con un par de veces al mes es suficiente. Parece que este manjar también afecta a la salud del planeta. No se trata de que todos nos volvamos vegetarianos, pero sí de reducir el consumo. Los animales producen grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero. Las grandes granjas (llamadas en inglés “granjas-factoría”) de ganadería ovina y vacuna se consideran del todo insostenibles. Toma un bistec menos al mes, son todo beneficios. Estos animalitos también precisan de una media de 155 litros de agua para producir un quilogramo de su carne.
21. Está demostrado que el agua del grifo tiene la misma calidad que la embotellada, ¡sólo que de 2.000 a 10.000 veces su precio! El fenómeno de “las aguas de marca”, afortunadamente, ya quedó atrás y (cool o no) lo responsable es beber del humilde pero perfectamente controlado grifo. Así que acompaña tus comidas con agua fresquita (ten una jarra de cristal en la nevera) y evitarás las nocivas botellas de plástico, cuya fabricación impacta en el entorno (se estima que se utilizan un millón y medio de barriles de petróleo para fabricar todas las botellas de agua que consume Estados Unidos) y no más sostenible es el final de su vida, si no se reciclan correctamente.
* Antes de ir a dormir:
22. Un rato de tele para relajarse y ¡a la piltra! ¿Hace fresquito? Ponte un jersey o tápate con una manta, es mejor que subir la calefacción. ¿Calor? Abre varias ventanas de manera que circule el aire por tu casa. Antes de comprar sistemas de climatización, es mejor asegurarse de que la vivienda está debidamente aislada. Ahorraremos unos euros y un derroche de electricidad que no conviene al planeta.
23. Antes de que nos dé demasiada pereza, es el momento bajar la basura. ¿A quién le toca hoy? ¡Vaya! Lleva tus desperdicios clasificados y utiliza los contenedores de reciclaje correctamente. Ya sabes, en el bidón verde el vidrio; en el azul, papel y cartón; y en el amarillo plástico y envases. ¡Cuidado con las pilas! Recuerda que no se pueden tirar al contenedor, ya que contaminan el agua. Lo mismo con los aparatos electrónicos (como los teléfonos móviles), que contienen sustancias tóxicas. Infórmate de los “puntos verdes” de los que dispone tu ayuntamiento para estas “basuras” especiales. O mejor, busca organizaciones no gubernamentales que le den una vida a tu viejo móvil u ordenador.
24. Es el momento de cuidar de tu pequeño jardín (o balcón). Regando a esta hora del día, no sólo cuidamos la salud de nuestras plantas, sino que ahorramos agua, puesto que el sol no la evapora.
Ahora sí, ¡ ya podemos irnos a dormir con la conciencia bien tranquila!



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